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Les demoiselles d’Avignon puede considerarse como la obra fundadora del arte del siglo XX.

Picasso la realiza entre junio y julio de 1907 tras un largo año de reflexiones y bocetos que componen hoy uno de los archivos más fascinantes del arte moderno. En dichos Cahiers encontramos las pruebas y argumentos que dan luz a un proceso de trabajo y a una decisión que se halla en la base de su composición.

Durante mucho tiempo fue considerado, a partir de la interpretación de Kahnweiler, como el origen del cubismo, pero recientemente se han abierto otros puntos de vista que exigen una lectura más compleja. Trabajos como los de Pierre Daix, Leo Steinberg, Ralph Ellison o William Rubin entre otros sugieren una  perspectiva con la que debemos  dialogar. Así encontramos por ejemplo la crítica que Picasso realiza a una concepción feliz de la pintura representada en los años 1905-1907 por la obra de Matisse. Igualmente la presencia cada vez más activa del arte africano y del “primitivismo” que le acompaña, validados por Gauguin y Apolinaire. Sin olvidar la relectura que Picasso hace de Ingres y que constituye uno de los elementos determinantes en el camino que lleva a Les demoiselles d’Avignon y que se conjugan a lo largo de aquel largo año, dando lugar a una de las obras fundamentales del arte del siglo XX.

Estudiar el proceso de trabajos preparatorios a esta obra, junto al análisis de los contextos estéticos y críticos de aquel periodo, son la base de la lectura que aquí se propone de Les demoiselles d’Avignon.

 

Francisco Jarauta

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